Mauricio, con sus playas de arena blanca y sus lagunas de aguas turquesas, parece a primera vista un trozo de naturaleza virgen. Y en buena medida lo sigue siendo, pese al turismo de lujo y al cambio climático. Los hoteles Beachcomber, uno de los grupos hoteleros más antiguos de la isla, han sabido encarar la situación y manejarla a la perfección. Esta es la historia de cómo el grupo hotelero y los turistas protegen juntos la naturaleza en este paraíso de lujo y refuerzan el tejido social.
Una gestión empresarial respetuosa con el medio ambiente y con la sociedad (Environmental Social Governance, en sus siglas: ESG) no es ningún concepto ajeno para quienes dirigen los hoteles Beachcomber. Y no lo es desde hace décadas. Cuando se fundó el primer hotel, en 1952, este término ni siquiera existía. Pero ya entonces se pensaba a largo plazo, porque la belleza y la integridad de Mauricio debían preservarse para las generaciones venideras. Así, sus fundadores perseguían un único objetivo: abrir un hotel de lujo en armonía con la naturaleza y la sociedad, capaz de ofrecer a los huéspedes internacionales una estancia inolvidable.
Hoy hay ocho hoteles Beachcomber repartidos por la isla, todos ellos establecimientos de cuatro o cinco estrellas. Con una completa carta medioambiental y social compuesta por 52 compromisos claramente definidos, Beachcomber asume un papel pionero en la hostelería. Desde 2022, el grupo cuenta con la prestigiosa certificación „EarthCheck Silver“, uno de los estándares de sostenibilidad más exigentes del mundo. Y con toda la razón. Hemos visitado tres de estos establecimientos de lujo.
Playas limpias y protección de los océanos
Mauricio es conocida por sus costas sobrecogedoras y su mar cristalino. Pero también aquí el cambio climático ha dejado huella. Por eso resulta aún más importante proteger el entorno marino. El personal limpia con regularidad los residuos de las playas, donde rara vez encuentra plásticos, aunque sí, de vez en cuando, latas de cerveza y botellas de vidrio que arrastran las olas. Probablemente arrojadas por la borda por pasajeros de cruceros. Una de las razones de la relativa limpieza de las playas es el compromiso de los pescadores locales, que protegen el mar por tradición, ya que constituye su medio de vida. En Mauricio existen, además, leyes estrictas y multas elevadas por tirar basura, también en las calles.

Botellas de agua, sí, pero de caña de azúcar
Un aspecto central de la estrategia de sostenibilidad es la reducción de residuos. Se prescinde por completo de las botellas de un solo uso. ¿La alternativa sostenible al vidrio? Botellas de agua hechas de caña de azúcar, que pueden compostarse. Y los tapones los reciclan artistas locales, que los convierten en obras de arte. Además, los hoteles disponen de estaciones de rellenado de agua que permiten ahorrar hasta 700 botellas al mes.
Agricultura sostenible y apicultura
Desde 2018, los hoteles colaboran con apicultores profesionales para mantener colmenas en sus extensos jardines. Etienne de Senneville es uno de esos apicultores. Hoy, las abejas melíferas son una pieza clave de la estrategia medioambiental del grupo hotelero. Las abejas no solo son decisivas para la biodiversidad, sino también para la sostenibilidad. Desempeñan un papel esencial en el ciclo natural y se encargan de polinizar las numerosas especies vegetales que crecen en los amplios jardines de los hoteles Beachcomber.

En cada hotel del grupo hay colmenas. Aquí conviven dos especies distintas de abejas: la pequeña abeja negra originaria de Mauricio, considerada agresiva y propensa a enjambrar, y la abeja reina italiana, criada desde 2010. De este cruce surgió una especie híbrida que se ha adaptado a la perfección a las condiciones locales.
Cada instalación alberga hasta 45.000 abejas, que contribuyen a la polinización. Los huéspedes pueden incluso disfrutar del dulce fruto de estas abejas, ya que cada año se producen hasta 450 kilogramos de miel multifloral. Las colmenas forman parte, además, de un compromiso ecológico más amplio centrado en el fomento de la flora autóctona, entre ella acacias, eucaliptos y tamarindos.
Artesanía local y compromiso social
El grupo hotelero es consciente de su responsabilidad social. En 2006 fundó un taller en el que se apoya a artistas y artesanos locales. Aquí los artistas trabajan con materiales como madera, cocos y arcilla para crear obras de arte hechas a mano. Uno de los grandes atractivos es el tambor de mano llamado ravan. Se fabrica con piel de vacuno y los esclavos lo tocaron durante siglos. Especialmente impresionante es un artista ciego que elabora obras de arte en rattán. El taller no solo brinda un espacio para el trabajo creativo, sino también para la interacción social. Beachcomber financia el proyecto en su totalidad y demuestra así que la sostenibilidad no solo concierne al medio ambiente, sino también a las personas que viven en la isla. Las obras creadas decoran también las habitaciones a modo de complementos o se venden en las tiendas de los hoteles. Lo sorprendente: tampoco aquí son más caras que compradas directamente en el taller. Lo que cuenta no es el beneficio, sino el empeño por llevar al mundo la diversa artesanía de la isla.

Otro proyecto destacable es el apoyo a las comunidades locales mediante programas educativos. Desde hace más de 20 años, Beachcomber facilita a jóvenes desfavorecidos el acceso a la hostelería a través de cursos de formación y prácticas. El éxito de estas iniciativas queda patente en el ejemplo de Lyndon, un antiguo niño de la calle que gracias al programa se convirtió en cocinero y hoy es propietario de su propia casa. Con apenas 12 años había dejado la escuela y no sabía leer ni escribir. Estas historias de superación son para muchas personas en Mauricio una fuente de esperanza y demuestran que, con compromiso y ayuda práctica, aumentan las oportunidades de una vida mejor.
Instalaciones solares y gestión del agua
También en materia de eficiencia energética los hoteles Beachcomber son pioneros. Así, por ejemplo, se emplean instalaciones solares térmicas con más de 12.500 tubos para cubrir alrededor del 10 % de las necesidades energéticas de los establecimientos. Además, el grupo hotelero apuesta por la eficiencia hídrica: desde la década de 1990 se utiliza agua reciclada para regar los jardines. Una contribución pequeña pero significativa al ahorro de recursos es la reducción del uso de toallas, que gracias a la colaboración de los huéspedes se ha rebajado en un 50 %. Así se ahorran miles de litros de agua, un recurso muy necesario en la isla.

El cambio climático como reto
Pese a todos los esfuerzos, Mauricio se enfrenta a grandes desafíos. El cambio climático, con temperaturas del agua de hasta 31 grados en la laguna, tiene ya efectos evidentes sobre el entorno marino. Esto provoca el blanqueamiento de los corales, una de las amenazas más graves para el ecosistema marino. Pero también hay motivos para la esperanza: los hoteles Beachcomber han instalado estructuras especiales para favorecer el rebrote de los corales. Los esfuerzos ya muestran los primeros resultados y hay indicios de que algunos corales se están recuperando y adaptándose al aumento de las temperaturas.
Una gestión sostenible de los alimentos
Los hoteles Beachcomber se implican activamente en la reducción del desperdicio alimentario, y en ello desempeña un papel central la colaboración con la ONG Foodwise. Se adoptan medidas específicas para minimizar los residuos, con el fin de proteger el medio ambiente y, al mismo tiempo, ayudar a la comunidad local.

Foodwise colabora estrechamente con el grupo hotelero desde hace años y, junto con el Gobierno de Mauricio, ha logrado avances notables. Entre 2018 y marzo de 2023 se consiguieron recoger y aprovechar de forma útil la nada despreciable cifra de 1.100 toneladas de desperdicios alimentarios. Si se tiene en cuenta que en todo el mundo se desperdician unos 279 kilogramos de alimentos por minuto, este logro supone un paso importante hacia una gestión alimentaria sostenible en Mauricio.
De la cocina a los huéspedes
En los hoteles Beachcomber, la mayor parte de los desperdicios alimentarios procede de los bufets y del plato de los huéspedes. En lugar de tirarlos sin más, el hotel ha desarrollado un sistema ingenioso para darles un uso provechoso. Los alimentos que siguen en buen estado se reparten entre escuelas y organizaciones benéficas para contribuir a la alimentación de la población local.

Algo que tenían en común todos los resorts del grupo Beachcomber: su cocina inigualable, como la que nos presentó el chef Moorigen Coopen en el Shandrani. Una mezcla de África, India, Corea y China, con un toque de Europa, hizo las delicias de nuestro paladar.
Reaprovechamiento creativo en la cocina
Las cocinas de Beachcomber apuestan, además, por métodos creativos de aprovechamiento de los alimentos. Las sobras de verdura, por ejemplo, se transforman al día siguiente en chutneys, y el pan que sobra se convierte en pudín. Estas técnicas no solo son sostenibles, sino que ofrecen a los huéspedes placeres culinarios elaborados con ingredientes frescos y de raíces locales. Los residuos que ya no son aptos para el consumo humano tienen otros usos, como el de pienso para animales. Estos restos orgánicos se entregan a agricultores y ganaderos locales, que los emplean para alimentar a sus animales. Esto no solo reduce los residuos, sino que también ayuda a la agricultura local.
Lugares para vivir y dejarse mimar
Nos fascinaron enclaves señoriales como el hotel Dinarobin Beachcomber Golf Resort & Spa, a los pies de la que es probablemente la montaña más conocida de la isla, Le Morne Brabant. Hoy es un símbolo del fin de la esclavitud y forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Aquí, antes del masaje, el huésped no debería perderse una sesión de yoga con la encantadora Mohini Purbhoo.

Disfrutamos de maravillosas puestas de sol en el Trou aux Biches Beachcomber Golf Resort & Spa, y en el Shandrani estaban las playas más hermosas, tan distintas entre sí como cabe imaginar: desde las aguas tranquilas de la laguna hasta las olas vigorosas de la playa abierta al mar.

Y, cómo no, no pueden faltar los jardines paradísiacos. También aquí se ha cuidado la sostenibilidad: predomina la flora y la fauna autóctonas, ya que necesitan menos agua, como ocurre con el precioso árbol banyano. El más antiguo tiene 120 años y es, por tanto, más viejo que cualquier hotel del grupo Beachcomber. Aquí se adaptó el diseño del jardín a su presencia para no causarle ningún daño. Condiciones paradísiacas en todos los sentidos.

Conclusión:
El grupo Beachcomber demuestra de forma ejemplar cómo el turismo de lujo puede entrar en simbiosis con la sostenibilidad y la protección del medio ambiente sin descuidar por ello su alto nivel.



