«El árbol, con sus raíces hundidas firmes y profundas en la tierra y su copa tendida hacia el cielo, encarna de forma natural el vínculo entre lo terrenal y lo espiritual. Es un recordatorio de mantener los pies en el suelo mientras uno aspira a lo alto.»
Esa es, en pocas palabras, la idea que late tras el concepto: ofrecer al huésped estresado un oasis temporal donde desconectar, volver a «echar raíces» y replantearse a sí mismo y sus actos desde una nueva perspectiva. Ese «arraigo» tiene lugar, por así decirlo, en el «primer piso» de un árbol de la Laponia sueca. En plena enramada de píceas, pinos y abetos que conforman el bosque boreal de coníferas de la tundra, las cabañas en los árboles se anclan con total seguridad a una altura de entre cuatro y diez metros. Junto a ellas hay un edificio de recepción, un restaurante y —cómo no— varias saunas.
El Treehotel de Suecia forma parte de la asociación hotelera Lifestyle Hotels, que gestiona en todos los continentes refugios excepcionales y de gran nivel para viajeros con exigencias muy particulares.
El escenario de los «acontecimientos»
El paisaje del norte de Suecia, justo por debajo del círculo polar ártico, está marcado, como es bien sabido, por extensos bosques de píceas salpicados de pinos, abetos y abedules. Es de relieve suavemente ondulado, modelado desde que los glaciares de la edad de hielo se deslizaron sobre él, y muy rico en agua, con anchos valles fluviales que invitan a la mirada a serenarse. En lo climático, la región tiene un carácter áspero y continental, que se suaviza algo hacia el golfo de Botnia. Históricamente pertenece a Laponia, el territorio de asentamiento de los samis y sus rebaños de renos. Las construcciones del treehotel dialogan, cada una a su manera, con el entorno y se integran en él de forma orgánica.
Hoy la zona, con su localidad principal de Harads, pertenece a la provincia de Norrbottens län, una de las regiones menos pobladas de Europa.

Al principio eran cuatro cabañas distintas, obra de cuatro arquitectos suecos, que con un diseño propio cada una convirtieron la visión común en un proyecto viable. Desde entonces se han sumado otras dos, y dos suites amplían la oferta. En total hay ahora ocho cabañas, desde el sencillo espacio cuadrado para una persona hasta el alojamiento familiar.
Las casas son lujosas, pero de equipamiento minimalista: lo que hace falta está; lo que distrae o resulta prescindible, simplemente no existe.
Cada una de las cabañas tiene su propio nombre, su propio arquitecto sueco y refleja un aspecto concreto del vínculo entre el ser humano y la naturaleza, el que es propio de cada creador.

Las cabañas en los árboles
Biosphere – Mirrorcube - Bird’s nest - The cabin – UFO – Dragonfly - Blue cone - Seventh room
Sostenibilidad
La estancia en una de estas cabañas une, en cualquier estación del año, la soledad con la experiencia de la naturaleza y con la invitación discreta a recordar las propias raíces y a proteger la naturaleza que nos rodea. Pues en pocos lugares resulta tan evidente que el ser humano es —y seguirá siendo— parte de la naturaleza.

La idea, que surgió casi por casualidad al levantarse una cabaña como decorado de cine, fue evolucionando y la recogieron con entusiasmo Britta Jonsson-Lindvall y su marido, Kent Lindvall. Ellos dirigen el hotel y hacen así realidad su sueño de una vida en plena naturaleza en su tierra natal. Su apego a la naturaleza se refleja tanto en la forma de construir las casas como en su decoración y en su gestión. Así, en el restaurante solo se sirven platos tradicionales suecos, eso sí, en toda su amplia variedad, del pescado y la caza a las bayas del bosque y las setas.
En aras de la sostenibilidad, todas las cabañas se calientan mediante suelo radiante, se iluminan con luz LED, los inodoros ecológicos funcionan con electricidad, y las aguas grises se recogen y se destinan a su depuración.
Y a propósito de la energía eléctrica: procede, como es habitual en buena parte de Suecia, exclusivamente de la energía hidráulica. Aunque en Suecia el agua abunda, en el día a día se administra con el mayor ahorro posible. Por eso el chorro del grifo da justo para lavarse las manos o los dientes; para ducharse, uno se dirige al edificio central.
Las cabañas se fijan con cuidado a los árboles vivos mediante abrazaderas y anclajes de cable de acero, sin dañarlos, sin perjudicar su crecimiento ni podarlos siquiera en parte. No se tala ningún árbol para ganar espacio para una nueva casa. Todos los materiales de construcción son naturales y, como por ejemplo los suelos de madera de las zonas exteriores, no se sellan con productos químicos, sino mediante un procedimiento térmico. Los trabajos, en todos los oficios, los realizan empresas locales. Todo ello surge, por así decirlo, de manera natural, dada la ubicación y la mentalidad de quienes lo gestionan. Y así debe seguir siendo: de cara al futuro se prevé un crecimiento orgánico y mesurado, pues el compromiso de los gestores descarta cualquier desbordamiento.
Historias de árboles
La alegoría del árbol que subyace a la idea del Treehotel y que inspira todo el concepto admite aún más desarrollo, y eso es justo lo que hacen sus protagonistas en sus «historias de árboles», donde, de la raíz al tronco y la enramada, y de ahí a las acículas y las hojas, se trazan analogías con el ser humano y su arraigo natural.
En Laponia, a veces bajo la luz pálida de la aurora boreal, uno está de por sí cerca del cielo: tan nítidas como brillan allí las estrellas, tan profundo como se extiende el negro del firmamento, tan puro como es el aire… ¿dónde más se encuentra algo así?
https://www.lifestylehotels.net/de/story/treehotel-sweden-between-the-earth-and-the-sky
https://treehotel.se/environmental-policy
https://www.lifestylehotels.net/de/hotel/treehotel
https://treehotel.se



